lunes, 25 de abril de 2011

Momento angular

La entrada debería haberse llamado cobardía, pero si tuvo otro nombre fue más que nada por una cuestión de vergüenza que, dicho sea de paso, también hubiera sido un título válido.
Pero no, justamente por eso (válgame la paradoja) debía tener un nombre muy distinto. No un nombre ligeramente distinto, que hubiera devenido en la tarea de seleccionar el sinónimo menos hiriente; ni siquiera uno bastante distinto, enfocando hacia algún concepto de psicología con el que se podría relacionar fácilmente.
No, tenía que ser un nombre completamente distinto. Lo que propiciaba a olvidarse por un momento que el nombre en cuestión debía guardar alguna relación con el contenido de la entrada...
¿Se acordaría luego, ya inmerso en la tarea de redactar, para entonces desesperar y enredarse en una maraña de ideas? ¿Llegado el caso haría un esfuerzo intelectual para cambiar el rumbo del texto de una forma sutil, haciendo uso de una capacidad para conectar conceptos casi sobrehumana o se limitaría a un cambio brusco, grotesco, casi injustificable que pusiera en evidencia su estrecha sagacidad?
No lo sé.
Pero sí sé que en 1974 Anthony Hewish recibió el premio novel de física. Y lo recibió por haber descubierto junto con la ayudante Jocelin Bell lo que hoy conocemos como Púlsar, la reminiscencia posterior a una supernova caracterizada por su rotación y la emisión de radiación electromagnética a intervalos regulares que hizo que un desconcertado Hewish creyera haberse topado con una civilización alienígena.
Llegado este punto de la entrada explicarte el concepto de "momento angular" es una tarea fácil. -¿Fácil? te preguntás-  Sí, puesto que si yo tuviera que explicar, por ejemplo, que me gustás, me encontraría con la dificultosa tarea de encriptar la narración cada vez más, movido por esa vergüenza, (¿o era cobardía?) que ya te había mencionado. Al fin y al cabo, los pulsos electromagnéticos de nuestra estrella de neutrones son estrictamente regulares... mientras que las certezas que el pobre escritor pueda tener sobre sus emociones oscilan de formas indescriptibles.
Vas a estar de acuerdo entonces que explicarte como funciona una magnitud vectorial característica de los cuerpos en rotación (cómo nuestro Púlsar) que es la fuerza que afecta a un móvil que está en un plano perpendicular al vector es una tarea demasiado sencilla en comparación a confesarte, por ejemplo, cuantos besos en la boca proyecté antes de (una vez más) darte uno en la mejilla, y esto se debe, probablemente, a que sé a la perfección como vas a reaccionar si elijo explicarte el momento angular; no así, si procediera de la otra forma.
No me queda mucho más por escribir y llegado este punto de la entrada no creo haber logrado dejarte claro lo que es el momento angular, aunque para ser sincero... no era eso lo que te quería decir.
Lo que sí quedó claro, quizás, es que la entrada debería haberse llamado cobardía, pero si tuvo otro nombre fue más que nada por una cuestión de vergüenza que, dicho sea de paso, también hubiera sido un título válido.

1 comentario:

  1. gracias! te doy la razón en lo que escribiste ne esta entrada. jajja nos conocemos? :)

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