jueves, 26 de enero de 2012

Una noche boca arriba.

Ruido de platos, vasos apoyados, sillas acomodándose y murmullo. La oscuridad absoluta se convierte de un momento a otro en luz y colores que empiezan a tomar forma. Las voces provienen ahora de personas con cara, que se miran y se hablan, que ríen y sonríen.
Se acomoda en el sillón, siente todos los músculos entumecidos. Intenta en vano reconocer las caras que lo rodean. Nadie parece haber notado que despertó, aunque quizás lo notaran sin darle importancia.
Se encuentra en un living, frente a él hay una mesa pequeña con patas de madera y una superficie de vidrio. Algunos recipientes con papas o maníes y vasos con cerveza a medio tomar se muestran responsables del ruido de vajilla que lo despertó junto con el murmullo. También se escucha música, no suena muy fuerte, pero es música de fiesta.
Repentinamente nota la presencia de la chica que está a su izquierda y lo mira; tiene la impresión de que lleva un rato haciéndolo.
Es muy delgada, tiene rulos castaños, una sonrisa amplia y dientes grandes.
-¡Hey, hola! ¿Viniste a la fiesta a dormir? –Lo interroga en tono de reproche, pero sin perder la sonrisa.
Ahora todo pareciera sucederse entre ellos dos, como si estuvieran aislados, alrededor todos siguen riendo y sonriendo, hablándose, fumando y bebiendo como un fondo repetitivo cada vez más lejano.
-Estoy un poco perdido –confiesa. 
-Ya no. Te encontré.

martes, 24 de enero de 2012

Asfixia voluntaria

(reflexiones sobre la posibilidad del suicidio como 
resultado del absurdismo y el pesimismo existencial)


"La solución del problema de la vida 
está en la desaparición de este problema.
 (¿No es ésta la razón de que los hombres 
que han llegado a ver claro el sentido 
de la vida, después de mucho dudar, no 
sepan decir en qué consiste este sentido?"
Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-philosophicus
1
El suicidio responde, ha respondido, y responderá, meramente a una crisis de valores lo suficientemente grande como para sumergir al individuo en un sufrimiento imposible de soportar. El idioma del mundo, externo al sujeto, no se condice en ese momento con su idioma interior, el de sus primigenios principios. La distancia, que siempre existió, se vuelve ahora insalvable, nada puede conciliarlo con la vida. Atacar directamente el problema, la causa básica del sufrimiento, es la acertada respuesta del sentido común. No existe nada demasiado peculiar en un suicida. Puede haber personas con mayor o menor tendencia a sufrir una crisis de este tipo, personas más o menos susceptibles ante una pérdida parcial de los valores,dispuestas a presentar más batalla o dotadas quizás de herramientas más eficaces para hacerlo; pero no ha existido, existe, ni existirá el ser humano que, aún dadas las condiciones necesarias para desmoronar irresolublemente todos sus valores, no se quite la vida. 

2
El suicidio no responde jamás al acto reflexivo, el ejercicio intelectual que se topa con el carácter absurdo de la existencia.  La reflexión resulta, por definición, estrictamente incapaz de despojar a la vida de sentido. Pretender divorciar la subjetividad del significado equivale a caer en un contradictio in adjecto. 
2.1
Yo ente, no estoy dotado de sentido en mi mismo, no soy por razón alguna, ni cumplo función alguna bajo ninguna acepción posible de la palabra. El mejor sinónimo de indiferencia se prestaría impotente al momento de describir lo que resulto ante la totalidad de la energía y el infinito de los aconteceres (el universo).
Distinta es (a comparación con este dios innegable que no necesita ni necesitará de la percepción) la condición del sujeto, paradigma de la limitación.
2.2
Si yo, en tanto sujeto, careciera de valores, me estaría vedado el acceso a lo que entiendo por conocimiento. En donde no hubiere significado, nada habrá, nada podré percibir. 
Ni siquiera un ciego que alguna vez pudo ver es capaz de describir su ceguera. El no-signo no puede ser objetivado y por tanto no existe, carente de existencia no puede ser definido.
2.21
Yo, ente, no estoy dotado de sentido en mi mismo, sin embargo, me manifiesto ante un sujeto sólo en condición de objeto. Cobro entonces valor, paso a tener sentido. Un sentido primordialmente estético al que luego se podrán subordinar infinitos sentidos de todo tipo. Si el sujeto no pudiera brindarme un sentido, incapaz de objetivarme, no me podría percibir.
2.3
Para reflexionar sobre la propia vida necesito abstraerme de mi realidad inmediata y objetivarla, una vez que la percibo, por el sólo echo de percibirla, la percibo modificada (síndrome de Heisenberg)  
Todo análisis que haga de ella podría llegar, sí, mediante la abstracción, a encontrarla teóricamente carente de sentido. 
Pero jamás voy a ser capaz de corroborar que esos resultados se condicen con la realidad. 
Tomo nota de ellos, pero al momento de volver la vista hacia mi objeto de estudio, lo encuentro de nuevo dotado de sentido: porque de no ser así, pues no lo encontraría.     

3
El suicidio no puede ser causado por la reflexión sobre la vida directamente; en la medida en que esta reflexión decantara en una crisis de valores, podría convertirse en una causa indirecta, pero no conduciría a semejante instancia si el panorama externo no lo propiciara.