"A vos nadie te hubiera imaginado; sos el que no puede existir."
La primera vez que logré que alguien me prestara atención; y la única vez que, mientras viví en la república, alguien me miró a los ojos y se dirigió a mi directamente; sus palabras, de anciano vencido que siente que ya nada importa abandonar brevemente las reglas del juego, hicieron eco en cada rincón de mi profundo vacío existencial; ese que reflejaron luego mis ojos, mis cejas y mi boca, en un gesto de incredulidad y miedo con tristeza, de niño ofendido y de desesperación.
Fue eso, y luego escuchar la historia, una historia apurada, como escupida. Una historia con el apuro por dejar de hacer lo que no debe hacerse. La historia que no debía ser.
Enterarme primero de esa mujer que había nacido en esta misma ciudad, y yo creo haberla visto un par de veces ¿no estaba siempre al final de esa caravana, justo detrás del cochero, cuando desfilaban carruajes y yo no entendía que pasaba?, pero la historia ya está empezada y no se detiene ni da lugar a preguntas. Ella era la única hija de un importante Señor, y su decorosa dama de importante nombre. Dueños de muchas tierras, justo hacia allí, donde termina la ciudad. Apellidos conocidos en toda la República.
Ella crecía bien, y era buena, era buena siempre, pero un día escapó del carruaje sin que el cochero se diera cuenta (ese cochero, lo bien que hicieron en fusilarlo), anduvo un rato extraviada y conversó con la persona con que no debía conversar.
Enterarme luego de él, el que soñaba desde pequeño con ser un valiente soldado, la humilde y honorable escolta de un héroe de a caballo. El bandido. Lo perseguían con los trajes que hubiera querido usar; cómo podría haber sucedido, se lo preguntaban todos, y luego lloraban; algunos sólo se lamentaban, o decían que su hijo había muerto.
Un día rondaron por acá las noticias del joven bandido. Porque, decían, se lo había visto por allí, por donde termina la ciudad.
Él seguía las vías del ferrocarril, nunca sabía donde estaba. Ese día había cruzado algunos cercos, a campo abierto, pocos árboles, creía vislumbrar una casa. No estaba preparado para nada grande, sólo esperaba robar algo para comer. El carro se había marchado vacío, la chica se alejó cuanto pudo, sentada bajo un pino comía una manzana robada. ¿qué edad tendría, tan sólo doce años? qué cara de susto, me conocés de los carteles... pero yo no soy tan malo. La huida debió haber sido.
Las huidas que no debieron ser, pasaron luego desapercibidas; de vez en cuando se extraviaba un poco, ligeros reproches ¿en dónde estabas? nos preocupaste, te queremos tanto; otras veces eran excusas tontas, pero le creían porque era buena, era buena siempre.
La tranquilidad continuaba, cegada por el manto del engaño, galopaba derecho, hasta que no hubo más camino. Primero esos dolores y después vestir tanta ropa, quién es hija, podemos hacerlo ascender, conseguirá un cargo importante, su familia adquirirá primero renombre, y luego podrán casarse. pero ella no dice nada, y el tiempo pasa, es cada vez más obvio.
ya habían pasado años, el joven bandido era ahora el rostro más buscado en toda la república, nadie le desconocía. Y aquel pobre jornalero le reconoció enseguida en ese abrazarla un instante y huir. Un oficial importante escoltado por varios hombres iría directamente a buscar al que hubiera difundido ese rumor tan terrible, parecía un hombre trabajador y sincero, aun así lo fusilaron. El importante señor y su decorosa dama de importante nombre estaban muy enojados.
Ella lloraría luego, y lo confesaría, pero nadie podría creerle, mentía, decía algo que no podía ser cierto, ella que había sido siempre tan buena.
Lo que nunca sucedió no engendra nada, todos lo asumieron.
Nunca lo habían perseguido con tanta saña, por eso nunca lo habían atrapado, por eso nunca lo habían fusilado. Nadie escribió su biografía, quedó fuera de la historia.
¿Llora todo el viaje, papá? había preguntado un chico a mi lado, cuando yo no entendía qué pasaba. No, sólo cuando pasa por este pueblo.
habiendo acabado la historia el viejo miró hacia otro lado, yo agaché la cabeza.
Había mucho trabajo por hacer, así que asumí mi destino; levantando la carretilla me repetí una vez más "a vos nadie te hubiera imaginado, sos el que no puede existir."
miércoles, 20 de junio de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
Una noche boca arriba.
Ruido de platos, vasos apoyados, sillas acomodándose y murmullo. La oscuridad absoluta se convierte de un momento a otro en luz y colores que empiezan a tomar forma. Las voces provienen ahora de personas con cara, que se miran y se hablan, que ríen y sonríen.
Se acomoda en el sillón, siente todos los músculos entumecidos. Intenta en vano reconocer las caras que lo rodean. Nadie parece haber notado que despertó, aunque quizás lo notaran sin darle importancia.
Se encuentra en un living, frente a él hay una mesa pequeña con patas de madera y una superficie de vidrio. Algunos recipientes con papas o maníes y vasos con cerveza a medio tomar se muestran responsables del ruido de vajilla que lo despertó junto con el murmullo. También se escucha música, no suena muy fuerte, pero es música de fiesta.
Repentinamente nota la presencia de la chica que está a su izquierda y lo mira; tiene la impresión de que lleva un rato haciéndolo.
Es muy delgada, tiene rulos castaños, una sonrisa amplia y dientes grandes.
-¡Hey, hola! ¿Viniste a la fiesta a dormir? –Lo interroga en tono de reproche, pero sin perder la sonrisa.
Ahora todo pareciera sucederse entre ellos dos, como si estuvieran aislados, alrededor todos siguen riendo y sonriendo, hablándose, fumando y bebiendo como un fondo repetitivo cada vez más lejano.
-Estoy un poco perdido –confiesa.
-Ya no. Te encontré.
martes, 24 de enero de 2012
Asfixia voluntaria
(reflexiones sobre la posibilidad del suicidio como
resultado del absurdismo y el pesimismo existencial)
"La solución del problema de la vida
está en la desaparición de este problema.
(¿No es ésta la razón de que los hombres
que han llegado a ver claro el sentido
de la vida, después de mucho dudar, no
sepan decir en qué consiste este sentido?"
Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-philosophicus
1
El suicidio responde, ha respondido, y responderá, meramente a una crisis de valores lo suficientemente grande como para sumergir al individuo en un sufrimiento imposible de soportar. El idioma del mundo, externo al sujeto, no se condice en ese momento con su idioma interior, el de sus primigenios principios. La distancia, que siempre existió, se vuelve ahora insalvable, nada puede conciliarlo con la vida. Atacar directamente el problema, la causa básica del sufrimiento, es la acertada respuesta del sentido común. No existe nada demasiado peculiar en un suicida. Puede haber personas con mayor o menor tendencia a sufrir una crisis de este tipo, personas más o menos susceptibles ante una pérdida parcial de los valores,dispuestas a presentar más batalla o dotadas quizás de herramientas más eficaces para hacerlo; pero no ha existido, existe, ni existirá el ser humano que, aún dadas las condiciones necesarias para desmoronar irresolublemente todos sus valores, no se quite la vida.
2
El suicidio no responde jamás al acto reflexivo, el ejercicio intelectual que se topa con el carácter absurdo de la existencia. La reflexión resulta, por definición, estrictamente incapaz de despojar a la vida de sentido. Pretender divorciar la subjetividad del significado equivale a caer en un contradictio in adjecto.
2.1
Yo ente, no estoy dotado de sentido en mi mismo, no soy por razón alguna, ni cumplo función alguna bajo ninguna acepción posible de la palabra. El mejor sinónimo de indiferencia se prestaría impotente al momento de describir lo que resulto ante la totalidad de la energía y el infinito de los aconteceres (el universo).
Distinta es (a comparación con este dios innegable que no necesita ni necesitará de la percepción) la condición del sujeto, paradigma de la limitación.
2.2
Si yo, en tanto sujeto, careciera de valores, me estaría vedado el acceso a lo que entiendo por conocimiento. En donde no hubiere significado, nada habrá, nada podré percibir.
Ni siquiera un ciego que alguna vez pudo ver es capaz de describir su ceguera. El no-signo no puede ser objetivado y por tanto no existe, carente de existencia no puede ser definido.
2.21
Yo, ente, no estoy dotado de sentido en mi mismo, sin embargo, me manifiesto ante un sujeto sólo en condición de objeto. Cobro entonces valor, paso a tener sentido. Un sentido primordialmente estético al que luego se podrán subordinar infinitos sentidos de todo tipo. Si el sujeto no pudiera brindarme un sentido, incapaz de objetivarme, no me podría percibir.
2.3
Para reflexionar sobre la propia vida necesito abstraerme de mi realidad inmediata y objetivarla, una vez que la percibo, por el sólo echo de percibirla, la percibo modificada (síndrome de Heisenberg)
Todo análisis que haga de ella podría llegar, sí, mediante la abstracción, a encontrarla teóricamente carente de sentido.
Pero jamás voy a ser capaz de corroborar que esos resultados se condicen con la realidad.
Pero jamás voy a ser capaz de corroborar que esos resultados se condicen con la realidad.
Tomo nota de ellos, pero al momento de volver la vista hacia mi objeto de estudio, lo encuentro de nuevo dotado de sentido: porque de no ser así, pues no lo encontraría.
3
El suicidio no puede ser causado por la reflexión sobre la vida directamente; en la medida en que esta reflexión decantara en una crisis de valores, podría convertirse en una causa indirecta, pero no conduciría a semejante instancia si el panorama externo no lo propiciara.
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